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Hemos cerrado agosto con un rendimiento del 0,47 %, lo que sitúa la rentabilidad acumulada del año en el 4,90 % y la de los últimos doce meses en el 11,25 %.

Ha sido un mes tranquilo en la superficie y bastante menos por debajo. Los bancos centrales siguen sin actuar y han dejado de hacer al ahorrador la competencia desleal de la que nos quejábamos una y otra vez desde 2014 hasta finales de 2021. En aquellos años, las emisiones de deuda —sobre todo de los gobiernos— acababan cubiertas por el banco central, hasta llegar a un balance de 8,84 billones de euros (equivale a más de 5 veces la deuda española). Eso se ha terminado y el balance va reduciéndose. No obstante, tampoco esperábamos una subida tan vertical de los rendimientos: el bono alemán a diez años cerró agosto en el 3,32 % y el español en el 3,77 %, doce y once puntos básicos por encima de julio. Los bonos están hoy más cerca de los máximos de la tormenta financiera de 2011 que de los mínimos de 2022, con una diferencia que no es menor: entonces la deuda pública rondaba el 70 % del PIB y hoy anda por el 100 %.

1. Renta fija

Visto desde el otro lado de la balanza, para el ahorrador la noticia es buena: cada vez hace falta asumir menos riesgo para conseguir un rendimiento razonable. Durante años hubo que bajar la calidad del emisor o alargar el plazo para arañar algo; hoy no.

Sin la intervención de los bancos centrales y la elevada deuda pública, no vemos que la presión sobre la parte larga vaya a desaparecer pronto. Pero tampoco se nos escapa que hoy nos pagan más de lo que nos han pagado en quince años. Por lo tanto, seguimos comprando sin prisa, con emisores solventes y alargando duración poco a poco, aprovechando cada tramo de subida en lugar de intentar acertar el máximo.

2. Renta variable

Somos alcistas de fondo. Como usuarios intensivos de la inteligencia artificial, es inevitable pensar «si hubiese tenido esta herramienta hace diez años…». No tenemos ninguna duda de que la productividad y la calidad del trabajo habrían sido muy superiores. Esta idea podría ser lo que viviremos los próximos diez años.

No obstante, una cosa es la tesis de fondo y otra el precio de entrada. Con la renta variable en máximos, la renta fija en mínimos de precio —y por tanto en máximos de rendimiento— si además nos estamos acercando a septiembre y octubre, meses muy volátiles, no debería extrañarnos una corrección, o simplemente un «barrido de stops»: una caída del 5 % basta para que muchos sistemas empiecen a vender y se supere con facilidad una caída del 10 %. No es una impresión: desde 1996, ocho de los treinta años completos han marcado el mínimo del año en octubre —ningún otro mes llega a cuatro— y la caída media dentro del año toca fondo alrededor del 8 de octubre.

A eso se añade la complacencia. El precio de las opciones está en la parte baja de su rango y hemos aprovechado para cubrirnos. El pasado 14 de agosto, con el índice en 7.800, compramos 10 PUT SPX 7700 de diciembre de 2026 a 204,07. Dicho de otra manera, asegurar el 98,7 % del valor durante cuatro meses nos ha costado un 2,6 %.

Conviene entender cómo funcionan estas opciones, o seguros. Cotizan cada minuto y no hace falta que llegue el siniestro para cobrarlo. Si dentro de una semana el mercado se pone nervioso y cae un 5 % —el índice en 7.400—, esa misma póliza puede más que duplicar su valor, y venderse.

También hemos entrado en mercados emergentes, de momento con un 0,6 % del fondo.

3. Divisas

Hace tiempo que pensamos que el euro debería devaluarse para ganar competitividad. No obstante, si analizamos estos tres vectores es justo reconocer que esa devaluación ya se está produciendo.

Primero, la devaluación interna: precios y salarios que crecen sistemáticamente menos que en Estados Unidos. Segundo, la represión financiera: una década de tipos reales negativos que diluye la deuda pública a costa del ahorrador. El resultado se ve en la renta: medido en dólares constantes —descontada la inflación y sin que el tipo de cambio intervenga—, un estadounidense tenía en 2014 un 67 % más de PIB por habitante que un ciudadano de la zona euro, y en 2025 tiene un 78 % más. Y por último, la degradación de las dos monedas a la vez frente a los activos reales: desde 2006 el oro se ha multiplicado por siete en dólares y por ocho en euros, lo que equivale a decir que el euro ha perdido contra él un 87 % y el dólar un 86 %. Solo en agosto el oro subió un 9,59 %.

4. Perspectivas y conclusiones

No esperábamos este repunte del rendimiento de la renta fija de estos dos últimos meses, ni que superase el lateral en el que venía moviéndose desde 2023. Esta subida está retrasando nuestro rendimiento, porque implica una caída del precio de los bonos que ya tenemos. No obstante, a medio plazo somos optimistas: los bonos en cartera tienen cada vez una TIR a vencimiento superior, y esperamos que los rendimientos se estabilicen alrededor de estos niveles.

Para lo que queda de año la idea es la misma que venimos repitiendo: prudencia con los niveles actuales de la bolsa y seguir construyendo una buena cartera de renta fija con emisores solventes. Esperamos que se den buenas oportunidades y nos sentimos cómodos con la cartera de renta variable parcialmente cubierta: si llega la corrección, tendremos el seguro para venderlo y la liquidez para comprar.

Como siempre, recordamos que las rentabilidades pasadas no garantizan resultados futuros. El fondo invierte a nivel global y está sujeto a riesgos de renta variable, renta fija y divisa. Las rentabilidades mostradas son netas de comisiones y gastos del fondo, y no incluyen la fiscalidad personal del partícipe. ANNUALCYCLES STRATEGIES FI pertenece a la gestora Gesiuris S.G.I.I.C. (registro CNMV no 4269). Toda la información legal del fondo está disponible en: https://www.gesiuris.com/fondosinversion/annualcycles-trategies-fi/

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